Aquel lugar en el que transcurría lo propio

Escrito por Eduardo M Romano el 28 agosto, 2021

Un niño juega.
Serio y concentrado en ésa que es su ocupación preferida
y a la que le dedica sus afectos más genuinos.
Se abstrae lo justo y necesario
para ir creando un mundo,
mientras sabe de sobra
que el afuera cotidiano, sigue sucediendo,

Al jugar,se comporta como un hábil artesano
que va modelando tranquilo sus juegos,
sin prisa ni premura.
En ello concentra lo que fantasea y más le importa.

Juega a ser grande.
apoyándose en los objetos que tiene a su alcance.
Entonces, los héroes y los malvados disputan sus entreveros.
Y bien sabe cómo encontrarle
a cada uno , el lugar que le corresponde
en las tramas que va hilvanando
En ellas invierten buena parte de sus más profundos sentimientos.
Esos que transfiere a las situaciones que repite e imagina.
A sus juegos, cada niño se los toma muy en serio . Ya sea que juegue solo
o con otros niños. Además, tal como debe ser, les da su lugar y los respeta.
Juega para él, y con eso le basta. No necesita de un público que lo admire ni aplauda.
«…Diverso es el caso del adulto. De él se espera que ya no juegue ni fantasee,
sino que actúe en el mundo real…su fantasear lo averguenza por infantil y
no permitido, porque lo impulsan deseos insatisfechos… «cada fantasía singular»
(que se preocupa de mantener sólo para sí mismo y en secreto)
«es un cumplimiento de un deseo, una rectificación de la insatisfactoria realidad»
(S .Freud.»El creador literario y el fantaseo » O.C.).

258 Vistas

Una respuesta a “Aquel lugar en el que transcurría lo propio”

  1. Eduardo M Romano dice:

    Gracias Silvia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

facebook

Twitter

WhatsApp

e-mail

Linkedin

Google+

Buffer

Digg

Reddit

StumbleUpon

Tumblr

Imprimir