Cierta clase de enigmas.

Escrito por Eduardo M Romano el . Posteado en Para Leer, Textos & Letras

  Soñar.Verse capturado por un enjambre de escenas que se imponen. Contundentes . Indudables. Un curioso entrevero de imágenes que no cesan de avanzar juntas, sueltas,extrañas, familiares o en fragmento. Da lo mismo. Poco importa. Siempre animadas con esa clase de empuje capaz de llevárselo todo por delante. Dándose a ver por derecha, por izquierda, desde arriba o por debajo. Una por vez o si se les antoja, todas juntas. Describiendo este giro o esa otra curva abrupta en

Obsequioso,ordenado y atento.

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Visto desde afuera, parecía esa clase de personas puntillosas que con sólo mirarlas, uno se da cuenta que van por el mundo derrochando simetrías y coherencias. Son un ejemplo de correción y en todo momento se esmeran en el buen trato. NI qué decír acerca de su afán por conservar la armonía,el equilibrio y el buen juicio. Por ejemplo en asuntos tan mundanos como el fervor, el entusiasmo o el apasionamiento. Que de malo no tienen nada, siempre y cuando no se exagere, yendo al

Un cierto semblante.

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Por experiencia propia, ya había aprendido que lo que se dice amable,popular o simpático ,en general, no le caía a todo el resto de la gente. Sabía de sobra que no era dueño de esa clase de magnetismo capaz de capturar y llenar con engañosa empatía a quien tuvera adelante. Es que lo impulsaba un deseo de saber . Genuino. Inclaudicable. Esa clase de fervor y de anhelo, que no tiene por costumbre resultar cómodo, amistoso ni agradable a este de acá ni a aquél otro de enfrente. No

Derramando sus veinte sombras.

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No había amado a ninguna mujer de ese modo. Y estaba seguro, me dijo, que no volvería a hacerlo. Su pérdida le había arrancado algo de lo más entrañable y profundo. Claro que a palabras tales como tristeza,nostalgia, herida o recuerdos dolientes, directamente las había borrado, por insípidas, inútiles e impropias. Es que le dolía todo. Sobre todo cuando se sentía arrastrado de un lado a otro por los titubeos que mezclaban implacables, los adentro con los afuera. Los cómo,

Reminiscencias .

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  Otra vez despierta, en esa clase de vigilia, que a medida que van transcurriendo las horas, a uno le queda claro que va a resultar trabajoso y doliente, transitarla. Porque tensas, ambiguas e insípidas, las escenas acudían a su conciencia. Relegando esto primero en favor de eso que sucedió segundo y aquello otro, que intuía, tuvo que haber ocurrido mucho más tarde en el tiempo. Como quiera que fuera, se le dibujaban bien definidas. Nítidas e indudables. Con ese lujo

Espejismos del recuerdo.

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  Tal vez como para atenuar la incómoda incertidumbre, uno se propone buscarles un nombre, a esas escenas cortas e intensas que se aparecen en la conciencia, sin que las hayamos invocado. Son esa clase de brevedades íntimas tan entrañables como esquivas. Créanme que es absolutamente en vano cualquier esfuerzo por aferrarlas. Menos aún, reclamar supuestos derechos de propiedad sobre las mismas. Porque tienen por costumbre deambular por nuestra intimidad encendiendo y apagando

Agitándose desde algún lugar Otro.

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  De lo que se dice ingenua, tenía poco y nada. De modo que se daba perfecta cuenta de que frente a esas ideas que hacía ya tiempo se le habían instalado, lo peor que podia hacer , era subestimarlas. Quiero decir, tratarlas con menoscabo, como si fueran una suerte de vicio inútil del pensamiento. Carente de sentido y de lógica. Algo que, (como algunos se habían apresurado a asegurarle), con los exclusivos buenos oficios de la voluntad, la concetración y el buen juicio... ...sumado

Escenas en fragmentos.

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  Eran momentos en los que las más distintas manifestaciones en su cuerpo que uno pudiera imaginarse, pasaban a ocupar el centro de la escena. Disruptivas. Inapelables. Ahora, estas contracturas obstinadas, enseguida esos mareos difusos, y un poco más tarde, aquella pérdida de voz, en los lugares menos adecuados. Algo inefable se las ingeniaba para escurrírsele al sentido y hacerle un mentís a la palabra. Entonces, la ansiedad,errática y difusa. Una que sólo parecía reconocer

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