El pequeño héroe.

Escrito por Eduardo M Romano el . Posteado en Para Leer, Textos & Letras

Le resultaba difícil sustraerse del asombro, por el hecho de que aún transcurrido tanto tiempo, ese recuerdo de infancia se conservara tan vivo y fresco en su memoria. Cada vez que la evocaba, esa escena conservaba el  encanto de imponerle convicción por su simple presencia. Soberbia. Contundente. Inequívocamente certera. Allí estaban aún , la severa figura del padre , regañándolo  por su travesura. Y él ,muy pequeño, sobrellevando con entereza , el reproche y la reprimenda. Sin

Encuentro.

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Encuentros . Llegan desde lugares inciertos. Y hacen que un despertar ocurra cuando   menos se lo espera. Sin preámbulos .De improviso. Se imponen ,nos atraviesan,nos interpelan y nos bordean . Puedo asegurarles que no aguardan demasiado hasta  que  por fin decidamos si son o no convenientes, si tienen relación con esto o con aquello otro, si no será que nos confunden y nublan la vista, qué cosa tienen de relevante y cuál otra de periférica , qué  va

Las voces primeras.

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Son esas voces primeras. Susurros y canturreos leves, que se improvisan con melodías, modulaciones y cadencias. Frágiles envolturas de palabras que se detienen para dar cobijo y atenuar la espera. Se extienden eternas. Porque aún no llegan el tiempo ni la medida. Y a nadie le importa que transcurran sin que pueda saberse qué significan. Están donde deben, haciendo lo suyo en los momentos justos. Es lo que importa. Alejan los abismos y calman los desesperos. Encuentros primeros. Imperiosos.

Un eclipse continuo

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  Se había pasado la vida forjando dentro de sí ,esa clase de pensamientos sentenciosos. Podríamos decir que se trataba de un curioso diccionario íntimo, compuesto por definiciones breves y tajantes de esas que una vez establecidas, no hay más vuelta que darle. Un diccionario para uso personal, que se había ido multiplicando con el correr de los años. Tanto, que créanme que ya resultaba difícil seguirle el rastro sin perder el rumbo. Sólo después de un arduo trabajo, fue

Ánimo.

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Insistía llamativamente en ello. No le resultaba sencillo describir su estado de  ánimo. Retraimiento. ...Desgano...Tal vez. Pero también Desasogiego. Repitío esta palabra, pero más lento. Me explicó que tenía por costumbre introducirla cuando no podía definir con una precisión relativamente aceptable, qué le andaba pasando. Para ser más preciso, desde aquél día. Imposible de olvidar o atenuarlo. Desde entonces,lo abrumaba una mezcla que oscilaba entre la desdicha y la nostalgia. Sin

Dándose a conocer a su modo.

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  Terminaba siendo implacable a la hora de juzgarse a sí mismo. Sobre todo en esos tiempos , que denominaba "segundos", y en los que se concentraba en examinar, sin piedad, el relieve, la forma y el contenido de cada uno de los acostumbrados deslices y trabazones en los que tan frecuentemente caía, cuando le tocaba tomar la palabra. Esto le sucedía sin que atinara a explicarse cómo,por qué ,cuándo ni de dónde. Pero la próxima vez. me dijo de lo más resuelto, todo iba

Aquello que retorna.

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Se apresuró a aclararme que no tenía ningún prejuicio ni preconcepto en contra del Psicoanálisis. Todo lo contrario.Le parecía muy interesante como teoría abstracta. Y ni qué decir acerca del placer que le procuraba leer las obras de Freud, como buena literatura. Sólo objetaba su aplicación terapéutica. Porque eso del Edipo, la sexuación, la castración y la libido, eran ya conceptos  antiguos y perimidos. Por suerte, hoy había nuevas técnicas, eficaces, resolutivas y mucho

Un amparo intrusivo.

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  En sus vínculos amorosos, las cosas quedaban planteadas de antemano, en una forma más o menos parecida. Rescatar a un otro de  supuestas penurias y desfacellecimientos. Salvar apasionadamente a quien (tenía la certeza), lo necesitaba a él, absoluto,incondicional y sin medida. A tal puno que sin su cercanía constante y abrumadora, esa otra persona caería en un doloroso abandono y en una profunda desesperanza. Esta compulsiva pasión de rescate, (que era una precondición

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