El sueño y el chiste .

Escrito por Eduardo M Romano el . Posteado en Para Leer, Textos & Letras

  Al escuchar un dicho chistoso, el sentido común, en general lo explica haciendo referencia al ingenio puesto en juego. la sorpresa, la brevedad ,los ingeniosos malabarismos con las palabras y los afectos puestos en juego, y el encuentro final de un sentido , en aquello que parecía no tenerlo. Todos conocemos esa clase de chistes que son capaces de transmitir una multitud de pensamientos, apelando a un notable ahorro de palabra. Al respecto, existe un punto, escribe Freud, en

Así como los dientes de leche caen.

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  Persistía. Y desde una edad muy temprana lo venía haciendo. No tenía para nada en claro los detallles de las causas ni los muchos pormenores que deberían tener los motivos. Pero sentía con fuerza que algo no dejaba de empujarlo y sostenerlo en ese afán y empecinamiento. Como si una voz, (salida vaya uno a saber de dónde) , le dijera que el tiempo apremiaba y que no había lugar para la claudicacion ni la excusa. Presentía que era mucho, aún más

Ciertos pretextos para la angustia.

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Tenía la sensación de que su participación en aquellas escenas, era , al comienzo, casi contemplativa. Porque estaban hechas de asuntos disímiles que iban y venían a su antojo, de un lado para otro. Como si respondieran a unos motivos llenos de enigmas y a propósitos que apenas si uno podía entreverlos. Estaban dichos a medias, y se imponían como para ser escuchados en la urgencia misma de los bordes, y en esos intervalos minúsculos, tan parecidos a

Nada de ecos propios.

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Estaba convencida de que lo suyo, debía ser un problema orgánico,que aún no le habían descubierto. Por más que todos los estudios dijeran lo contrario. De modo que se la pasaba yendo de un lado al otro, en busca de ese diagnóstico preciso que se adaptara a su premisa. Uno conciso, tabulado y correcto. Que no perdiera el tiempo ahondando en fantasías íntimas, ecos propios ni sentidos esquivos que se conjugaran con otros. No se cansaba de repetir que el contenido de cada palabra, era

Ya no catarsis.

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  Al contar con la palabra, todo fue cambiando. Porque era posible referirse a lo mismo, pero de muy distintos modos. Agregando estos matices,añadiendo esos acentos, y poniendo más al descubierto los deslices,loa despropósitos,las contradicciones y las fuerzas, que de un modo exclusivamente conciente (por esos tiempos que corrían) podría suponerse que estaban en pugna. Es que distintos sentidos, y un efecto de verdad, tan certero como esquivo, andaban rondando para escribir, según

Como una” mala conciencia “.

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En esos momentos, se sentía del todo incapaz de poder explicar , o por lo menos encadenar con cierta lógica coherente, alguna causa, motivo o fundamento. Lo cierto es que si bien antes era algo que le ocurría de tanto en tanto, últimamente le estaba ocurriendo bastante seguido. Por lo general, se trataba de una palabra dicha al azar y que escuchaba en medio de alguna conversación casual, mantenida con otro.Eran palabras que desataban la tormenta. Palabras anodinas para los otros,que

Ese deleite seductor y mortífero

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  Ya sabía por experiencia propia, que eso que vendría después, (casi que podia ponerle la firma), iba a ser aún peor que este creciente desasosiego de ahora. Porque iba a agregársele, como en un tiempo segundo, el conocido dolor anudado a la culpa. Así las cosas,la tentación, que siempre había estado adentro y al acecho, no tardó desmasiado en hallar una de sus tantas ocasiones fortuitas a las que plegarse. Entonces llegaban en punto, el impulso y el desenfreno del

Ya no estaba adonde se suponía

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Las cosas parecian andar a las mil maravillas, por los andariveles de lo consabido y de lo Mismo. Me refiero a esa clase de carriles que cada vez que agregan por un lado, quitan por el otro. Como para que , en el fondo, nada cambie  adentro de uno. Hasta que en algún momento, (no me pregunten por qué , cuándo ni cómo ) sobrevino ese encuentro repentino. Mitad venido de afuera y la otra desde adentro. No duró más que  un instante. Pero en su caso, resultó

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