En sus propios laberintos.

Escrito por Eduardo M Romano el 1 mayo, 2021

La entrada en sus propios laberintos
podía ocurrir en una ocasión y lugar cualesquiera.
Este o aquél otro,
de seguro servían, porque en el fondo, daban lo mismo.
Pero, eso sí, en lo que al tiempo respecta,
las cosas eran bien distintas.
Porque las amenazas siempre estaban cercanas.
Ni qué decir acerca de lo peor.

De eso más temido.
que le daba toda clase de señales
susurrando que el peligro estaba cerca
y lo andaba rondando.
Eran muchas las ocasiones en las que me decía ,

que hasta podía olerlo
de tan pegadito que le respiraba.
Intimos laberintos
que parecían tener cien formas
y esconderse atrás de veinte rostros.
Sólo con el correr del tiempo,
y a duras penas ,caímos en cuenta
que esas siniestras escenas y sus temidos fantasmas,
no eran sino las máscaras inquietantes y ambiguas
de una desesperante angustia,

que reconocía un origen y contaba a su modo, su propia historia.
Una que transcurría vagabunda
y exiliada de palabras.
Angustia extraña e inquietante, ésta que les digo,
que sólo conjugaba el dialecto del temor

y el acecho del espanto.

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