Eso que discurría huérfano de nombre.

Escrito por Eduardo M Romano el 2 junio, 2019

Vaya a saber uno

de dónde le venía
ese don de hacer magia con las palabras.
Inventándoles merodeos
que nadie había previsto.
O bien dando la pincelada
en el momento justo,
para imprimirle
razón de ser e intensidad a aquéllo otro,

que parecía no tener otro destino
que la indiferencia y el pronto olvido.
Uno no puede  sino deslumbrarse
ante la repentina irrupción
de inesperados sentidos.
Entonces, sólo por un instante,
se comienza a conjugar un idioma
que  despierta algo propio…
…entre familiar y extraño.
Ignorado y clandestino,
que lo habita
sin que tenga otra forma de saberlo.
«…Todo niño que juega se comporta como un poeta, pues se crea un mundo propio, o mejor dicho,
inserta las cosas de su mundo en un nuevo orden que le agrada. El poeta hace lo mismo que el niño que juega ,
crea un mundo de fantasía al que toma muy en serio….lo dota de grandes montos de afecto y separa tajantemente
de la realidad efectiva…lo opuesto al juego no es la seriedad, sino….la realidad efectiva. (S.Freud. «El creador literario y el fantaseo». O.C.)

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