Habitante esforzado de lugares compartidos.

Escrito por Eduardo M Romano el 28 abril, 2019

 

La osadía de haberlo descubierto
resultó todo un escándalo,
y vaya que un alto precio tuvo que pagar por ello.
El descrédito, el aislamiento y la maledicencia

Para nombrar sólo algunos.
No vale la pena detallarlos.
Entonces sobrevino el desbarajuste de todo lo que se tenía
por cierto e irrefutable en el universo del Yo consciente,
como dueño absoluto de las decisiones más convenientes,
así como en eso de reflexionar y moverse seguro y derechito por el mundo.
Concentrado, cauteloso y poniendo la fuerza de voluntad
que es  el motor de todo.
El Yo de la conciencia exclusiva, sabía mantener la ecuanimidad , el orden,
la mesura y el equilibrio justo
para marcar en todo momento, el rumbo en línea recta.
A fin de cuentas,todo terminó por colapsar y desplomarse.
El Inconsciente freudiano llegó para poner patas para arriba todo eso.
Entonces , rey de ningún reino.
Ni siquiera amo en su humilde comarca.
A duras penas,
habitante esforzado de lugares compartidos.
Obligado a lidiar todo el tiempo
con la rudeza del mundo de afuera.
Y con eso Real.
Escandalosamente extraño y familiar a un mismo tiempo.
Impostergable.
Con Nombre propio y voces de Otros,
que cada quien lleva consigo..
«Mientras debimos ocuparnos del estudio de lo reprimido, no necesitamos compartir la timorata aflicción por la suerte eventual
«de lo superior del hombre…a aquellos sacudidos en su conciencia podemos responder,»cuando niños pequeños
«esas entidades superiores nos eran notorias y familiares. Las admirábamos y temíamos. Más tarde las acogimos
«en el interior de nosotros mismos.» (S.Freud, «El Yo y el Ello», O.C.)

 

 

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