Su implacable vigía, su custodio y su dueño

Escrito por Eduardo M Romano el 16 octubre, 2021

Aquella vez, me dijo, sintió que se agitaba en él,
ese Deseo (ya indisimulable), de franquear
la misteriosa frontera,
junto al miedo que se había adherido a su alma.
De algún modo sabía,
que ese anhelo de hoy,
podía ser la trampa de mañana.
No fue tanto el valor repentino,
sino la memoria de tantos fracasos acumulados,
lo que terminó
por inclinar la balanza.
El combate se libró , puntual , inexorable y nocturno.

No había lugar para la tregua.

Y claudicar ,ya se le había vuelto imposible.

Entonces sucedió

que estos desvíos y aquellas líneas de fuga,

franquearon unos límites hasta volverlos inciertos.

Algunas fronteras dejaron de ser tan rígidas

y sus contornos se volvieron inestables.

Todo venía sucediendo, rápido, vertiginoso y sin tregua.

Todo parecía un indecidible tumulto,
hasta que el barullo del entrevero y el drama de lo incierto
despertaron los Fantasmas.
Y junto a ellos cobraron vida,
ciertos pequeños detalles propios,

que él, (inocente ,tan inocente)
siempre los había considerado íntimos y profundos.

Casi como que encerrados bajo las siete llaves

de aquello que se esconde desesperada y celosamente por dentro.
Dando por sentado,

que sólo uno mismo y ningún otro,

es su implacable vigía,

su custodio

y su dueño.

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