Siempre al acecho e inoportunos.

Escrito por Eduardo M Romano el 25 julio, 2019

 

Por más que se lo propusiera,
no podía desprenderse del agobio y la desmesura
que le imponían sus perturbadores pensamientos,
y más que inquietantes augurios.
Se presentaban repentinos
y desprovistos de preámbulos.
No conocían las medias tintas.
Imperativos. Impostergables.
Animados por una fuerza
que no podía reconocer estrictamente
como propia.
Aunque tenía la certeza,
(me lo habían dicho),
que provenían de un claroscuro propio.
Siempre al acecho e inoportunos.
Incansables en su insistencia.
De vez en cuando, lo dejaban por un rato,
pero sólo para preparar
con más fuerza sus retornos.
Esquivos y ocultos.
Disfrazados de alguna cosa cualquiera.
Intercambiando presurosos,
todos y cada uno
de sus mil rostros.
«…Así como el arqueólogo a partir de unos restos de muros determina el número y la posición de las columnas,
del mismo modo procede el analista cuando extrae sus conclusiones a partir de unos jirones de recuerdos y asociaciones…»
«…Pero el arqueólogo trata con objetos destruidos.Diversamente ocurre con el objeto psíquico…Todo lo esencial (en él)
se ha conservado. Aún lo que parece olvidado por completo, está todvía presente de algún modo y en alguna parte,
sólo que soterrado e inaccesible al individuo…» (S.Freud. «Construcciones en Psicoanálisis». O.C.)

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